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Raquel F.

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y galatea se acostó a soñar...

un rincón arrinconado
3/31/2009

Las manos se hielan de nuevo

 

A veces, cuando ves que las flores empiezan a despuntar, cuando la primavera empieza a asomar su cálido perfil tras las austeras y expoliadas ramas que deja el invierno, cuando el aroma del aire es diferente, cuando el sol brilla más, empiezas a dejarte llevar por el calor engañoso, por la ilusión del verano que se esconde tras la primavera.

Sin embargo, cuando llega la noche refresca. Cuando llega la noche te das cuenta de que era demasiado pronto para ocultar el abrigo en el fondo del armario. Te das cuenta de que te has anticipado, que la tormenta no ha pasado, que todavía no es tiempo de mudar la piel.

 

Ese es el momento en que el invierno da el último coletazo. Ese es el momento en que te das cuenta de que la tormenta no ha pasado. Ese es el momento en que la vida te vuelve a dar una bofetada.

 

Sonora bofetada.

 

Las flores me engañan… y yo me dejo engañar.

 

 

 

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Recortes

 

“Sebastián no era gran cosa, ya se ha dicho, aunque, eso sí, era bilingüe y a veces se entretenía corrigiendo traducciones ajenas. Traducciones de poesía que no le parecían acertadas y que le irritaban […]. Por más que no hiciera nada con ellas, estas correcciones ocupaban con frecuencia la mayor parte de su tiempo. No pretendía enmendarle la plana a nadie, y sabía que no hay oficio más exigente y peor pagado que el de traductor, pero no podía dejar pasar una mejora si descubría la causa del problema. “

 

Ya sólo habla de amor, Ray Loriga

 

 

Dedicado a mis compañeras traductoras, que nosotras bien sabemos de qué habla…

 

 

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2/4/2009

Por si el frío me cambia la voz

 

Tres cosas hay en la vida: salud, dinero y amor.

El granizo golpea sádicamente las ventanas (el invierno nos castiga este año por nuestros pecados). Mis manos están heladas, me duelen las puntas de los dedos, se me agrietan los labios y se me enrojece la nariz. La calefacción ya está encendida. Pero este piso es frío (desventajas de tener tantos ventanales a la realidad). El tráfico es cruel y hoy de mi cabeza no se va esa recurrente escena de las películas del individuo atropellado por un autobús. Parece mentira, pero hay un día que te pasa a ti, que lo presencias tú y piensas: "Tendría que haber salido de casa diez minutos antes para no haber vivido esto". Supongo que todo sirve para aprender: Nunca crucéis en rojo.

Pensaba también en esas nubes que observo desde el autobús cuando bajo del (aislado) campus, esas nubes que se han caído del cielo, seguro que a propósito, para poder sentirse como humanas por un día. Las observo colándose entre los pinos, entremezclándose con ellos, una espesura blanca y densa que parece impenetrable, tupido algodón. Sin embargo, el autobús desciende hasta penetrarla, hasta introducirse en su interior, entre los pinos, bajando la montaña.  Cuando te encuentras en sus adentros no parece tan densa, tan tupida. Se desvanece, la atraviesas poco a poco, casi sin darte cuenta, como si nada. Y de pronto, en un segundo, vuelve a darte el sol y el algodón se queda atrás, todavía anhelando ser humana, todavía anhelando amar.

"No ha sido para tanto", te dices. Pero cuando vuelves la vista hacia atrás, de nuevo ves la densa, tupida e impenetrable nube de algodón. Las cosas no son siempre como las percibimos desde fuera. Y el frío siempre es relativo. Mis manos están heladas, mi voz está cubierta de escarcha y recuerdo las nubes. Recuerdo el granizo. Recuerdo la nieve (bendita nieve, que duró lo que duró mi clase del viernes por la mañana). Recuerdo las calles intransitables. Te recuerdo rescatándome del frío. Te recuerdo enjugando los ligeros témpanos de hielo que resbalaban por mis mejillas. Te recuerdo tapándome con la manta en el sofá. Te recuerdo preparándome té caliente.

Mis dedos teclean y ya no están tan fríos.

Si tres cosas hay en la vida, tengo ya mi 33,3%. Tengo el hombro y el calor que me ayudan a superar mi escasez crónica del otro 66,6% que compone la felicidad.

Aunque suene a tópico, me sobra. Tápame del frío.

Tres cosas hay en la vida. Tres cosas para empezar.

 

 

(No para de llover)

12/1/2008

Historia del frío. Capítulo I.

 

Como cada mañana, Antía se despertaba a regañadientes a las 7 de la mañana. Hacía más frío que de costumbre, tenía más sueño que de costumbre, estaba más sola que de costumbre. Estiró un brazo fuera de las mantas para alcanzar su bata, se la puso y se decidió a salir de la cama. La lluvia golpeaba insistentemente los cristales de su ventanal. "Al menos me entra bastante luz durante el día", pensó. Lo que no sabía es que ese día las nubes grises le impedirían ver el sol.

Se acercó al radiador y comprobó, con enfado, que no se había encendido la calefacción. "Mierda de aparato", dijo. Corrió al baño a conectar el calefactor eléctrico para irse a la ducha y mientras esperaba el calor recordó el sueño. Otra vez el mismo sueño. Leo le había dicho que no se preocupase, que no era más que un sueño. "Pero es un sueño que duele, tía." Se la hacía un nudo en el pecho al recordarlo. "Estoy cansada de sufrir soñando, ya me llega con la realidad." El calefactor comenzaba a encenderse, a desprender el típico aroma a estufa, a casa fría, a noche de enero. Se acordó de su abuela, que nunca había tenido calefacción, y se sintió afortunada. Se desnudó y se metió en la ducha.

Adoraba el agua muy caliente. Le hacía olvidar que el mundo era frío, que su corazón estaba frío, que su cama siempre estaba fría. Y volvió a su mente el sueño.

"Antía, lo siento", la cara de su hermano dándole la noticia era demasiado triste como para olvidarla. A continuación ella dejaba escapar de su garganta un grito desgarrador envuelto en lágrimas. Era horrible. Era un sueño que dolía.

Salió de la ducha. Se secó, se hidrató y se vistió (no le costaba mucho elegir el modelito, pues se trataba de un uniforme un tanto hortera). De pronto se dio cuenta de lo tarde que era, no le daría tiempo a desayunar. Se secó un poco el pelo, eligió bufanda y pendientes, se pintó la raya negra del ojo, cogió su bolso y su abrigo y salió de casa. Al llegar al portal se dio cuenta de que se había olvidado el paraguas. "Me cago en..." Demasiado tarde para volver a subir, perdería el autobús.

Llegó tarde al trabajo. Tarde y empapada, por fuera y por dentro, pues aquel grito resonaba como un eco en su cabeza una y otra vez. "Sara, ¿qué día es hoy?", preguntó al ver reírse a su compañera y jefa. "Antía, es martes, es tu día libre, ¿qué haces aquí?". Estaba claro que no era su día. Se quedó en el bar a desayunar y luego se fue a casa. Eran las 8, demasiado temprano para hacer cualquier otra cosa. En realidad le daba igual. Total, su casa estaba fría, su corazón estaba frío y su cama continuaba fría.

 

 

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11/17/2008

Nostalgia. Echar de menos. Llorar con la almohada

 

“Tengo miedo de que me deje de querer”, me decía. Yo le contestaba con una frase de una canción de Sabina: “No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”.

Pero la teoría es siempre más sencilla que la práctica. Y todo se resume, finalmente, a una cuestión de egoísmo. Somos egoístas por naturaleza, y buscamos aquello que nos hace sentir bien (me lo razonaban el otro día). Nos acercamos a aquellas personas que nos aportan lo que necesitamos y dejamos de echar de menos a esa gente cuando encontramos a un proveedor sustituto.

Volvemos a la relatividad de echar de menos. Todas las veces que dices “te echo de menos” porque lo tienes que decir, y todas las veces que lo sientes y no lo puedes decir. Pero otra vez, cuán diferente es la belleza de la teoría del esperpento de su puesta en práctica. Nos dedicamos al final a mentir, a comportarnos como debemos, a decir “te añoro”, “sólo quiero que seas feliz”, “siempre te querré, siempre tendrás un hueco, por encima de todas las demás” y demás entelequias, frases ya vacías de tanto uso. “Soy lo que más quieres hasta que tengas otra cosa que querer”.

Los sentimientos son lo más bello y ruin que poseemos. “Déjalo correr”, le decía yo, “el tiempo lo arregla todo”. Pero el tiempo no hace milagros por sí solo y lo primero que debemos hacer es dejar de esperar nada de los demás. Esa es la cuestión, esperar lo que no va a pasar, lo que sabes que no pasará, añorar lo que no existió ni existirá.

Esperar. Desesperar.

Cuando el echar de menos es de verdad, se convierte en la espera más desesperante. Los sentimientos son lo más bello y ruin que poseemos.

 

 

 

(Con la frente marchita, Joaquín Sabina)

11/15/2008

El gran Liniers dibujó:

917291

 

AMÉN.

(Aunque luego todos son los mismos perros con distintos collares.)

10/27/2008

Colisionando hadrones

Sentados en un rincón, viendo como el mundo camina deprisa, como se acelera, pero sin participar.

Las partículas de los átomos colisionan a nuestro alrededor, creando un submundo apartado de delirios existenciales que buscan respuestas a preguntas no formuladas.

No necesito saber qué es la masa para saber cuál me gusta, ni necesito impulsarme a un 99,99999991% de la velocidad de la luz para darme cuenta de que ya no tengo prisa por llegar.

Hemos creado un singular colisionador de partículas y nos hemos inventado un agujero negro que no es negro, ni lleva los colores de ninguna bandera, sólo los matices de tus ojos y los míos.

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Me gusta nuestro vacío cuántico

(y no pienso llenarlo con nada prescindible).

 

 

10/18/2008

No sólo me duele la cabeza por la resaca

Sentaba en mi escritorio, comparto mi resaca con el ordenador. El dolor de cabeza me obligó a volver a casa, sin embargo yo me sentía muy a gusto en aquella sala. La señora peruana que hablaba era representante de algo así como una asociación de campesionos por la soberanía alimentaria. Precisamente ese era el título del evento "Foro Internacional sobre Soberanía Alimentaria", organizado por la Marcha Mundial de las Mujeres, que se está celebrando ahora mismo en esta ciudad, Vigo.

Mi participación en el evento fue un tanto casual: no estaba allí desde la organización ni desde la curiosidad (no me habría enterado de su existencia), ni siquiera era una invitada de honor, ni miembro de la asociación. Como en todo evento internacional, supone la congregación de delegadas procedentes de diversas partes del mundo con diversas lenguas, razón por la cual en mi acreditación se leía "Servicio de traducción e interpretación" (título que todavía me viene muy grande). Interesante evento, desde luego. Pero lo que quería destacar, la razón que me llevó a escribir, era uno de los mensajes que me quedaron más grabados en la piel: todos los problemas de recesiones económicas y crisis en general tienen el origen en el autodestructivo capitalismo, que se autoconstruye y se destruye continuamente, un sistema basado en el dinero ficticio, en la riqueza inexistente, en números que vuelan de aquí allá sin parar, de unas manos a otras, pero siempre tan selectas estas manos (no todos somos dignos de ser ricocerdos capitalistas). Autedestrucción es la palabra, sin duda.

El gobierno de yankilandia acaba de invertir 700.000 millones (OJO) de euros para salvar a sus bancos, cuando sólo 20.000 de ellos serían suficientes para paliar la creciente, extendida e infecciosa hambruna. No se puede seguir durmiendo por las noches con estos datos, no se puede. Se me hiela el cuerpo al pensarlo, al ver cómo hemos llegado al punto de que por dinero el resto del mundo nos importa una mierda. Y no a nosotros, a los que mandan. No es lógico que el destino de 6.000 millones de personas (porque aunque otros piensen lo contrario SON personas, aunque no todos se merezcan ser llamados así) esté en manos de 4. No puede ser. Los bancos eligen como vivimos. El que hace subir el Euribor (que hay ser un poco retorcido para entenderlo) elige como vivimos. Los que tienen petróleo eligen como vivimos (y los que lo roban también). Los que presiden los bancos mundiales y estatales (y se reúnen para tomar el café en palacios que pagamos nosotros) eligen como vivimos. Pero yo no puedo dejar de preguntarme por qué pueden seguir durmiendo por las noches. Se me ocurren dos opciones: o que no sean personas, humanos, o que sean más chulos que un ocho y se crean que tienen el derecho de hacer lo que hacen, que no sena personas, vamos.

Conclusión: gente mucha, pero personas pocas.

No puedo seguir viviendo aquí. ¿Ya hay ciudades en la luna? Aún no, pero cuando las haya serán de los mismos.

Desde la ventana de mi cuarto, por encima de lo que me tapa la pantalla del portátil, contemplo un hermoso edificio de piedra, uno de los más antiguos y con más historia, como los que lo acompañan a lo largo de esta larga avenida. Y adivinad qué más veo: un desmesurado cartel en la parte superior (de estos luminosos que se ven a kilómetros) con el nombre del banco que lo posee y lo domina, igual que el resto de los que lo acompañan a lo largo de esta hermosa pero asquerosa avenida. Cada banco su pedazo edificio. Cada banco su pedacito de mundo...

Y a mí no me queda nada, no poseo nada. Ni un metro cuadrado de jardín con malas hierbas. Nada. Da igual, no lo quiero. Así sé que no soy como ellos.

No puedo seguir viviendo aquí.

8/25/2008

Siempre igual que ayer pero nunca igual

La luna vuelve a salir cada noche, y no hay nada que hacerle.

El sol se desperezaba y aún no habíamos vuelto a casa. Lo cierto es que tampoco teníamos prisa. Nadie nos esperaba. Mis medias se habían roto, mi vestido parecía que no lo habían lavado en años, mi maquillaje ya no estaba donde yo lo había puesto y las ojeras superaban ya el poder del antiojeras. El aliento supongo que sería más repelente que el spray antimosquitos, pero eso es algo que a esas horas de la mañana no es tan importante.

-¿Y la botella?

-¿La botella? Tía, que te la terminaste tú.

Al final el cansancio agota. La energía siempre se acaba terminando. Quizás sea hora ya de irse a dormir. "No, nunca". No tengo nada que hacer en la cama. Dar vueltas y acordarme de ti. Paso. Prefiero tomarme la última. Pero no, creo que nos vamos a casa. Lo que en verdad quiero es que me desnudes tú y me metas en la cama y que mañana me despiertes con un beso. Pero no, eso tampoco pasará.

Lo cierto es que a veces casi agradezco que por la mañana la amnesia y la resaca sean más fuertes que los pocos recuerdos que intentan tomar forma en mi cabeza.

 

 

Feliz cumpleaños. Gracias.

7/11/2008

Catatonia pre-amnésica

Antes de tenerme delante ya me habías desnudado con la vista.

Cada rincón de mi anatomía te es familiar, aunque hacía tiempo que no lo veías lo recordabas perfectamente. Como un trozo de mantequilla al sol nos derretimos y nos fundimos, igual que lo hacen las bolas de helado en la tarrina cuando te quedas observándolas y esperas que nunca se ponga el sol.

Bañados y untados con mimo cada uno con el sudor del otro me miras, me observas, me intimidas, me asustas, te apoderas de mí. Y sí, me haces tuya. Durante unos minutos te sientes dueño y señor del universo. Porque has reducido el universo al completo a las dimensiones de tu cama. Retorcidos entre las sábanas nos acariciamos y nos notamos insaciables. Tu mirada me lanza acertijos y trabalenguas que yo resuelvo con un guiño. "Voy a tragarme la llave de esta habitación para que te quedes aquí para siempre". Exhaustos... no puedo ni respirar, déjame descansar un ratillo. Luego volveremos a jugar. Y jugaremos una vez más. Pelea conmigo si te atreves, no sabes con quién te estás metiendo... o quizás si... ya me conoces demasiado... No me busques las cosquillas que yo ya sé dónde están las tuyas. No te molestes, yo ganaré otra vez. Perdona si te clavo las uñas, si araño y muerdo. Pero en época de guerra todo vale, mi amigo. Yo he elegido mis armas y tú las tuyas. Vénceme, vénceme, vénceme. Te dije que en el fondo me rendía pronto. Mejor para ti, ¿no? Me rendiré una y otra vez hasta que al final todos ganemos las mismas batallas.

 

Guárdame con mimo, como el recuerdo más hermoso...

...hasta que nos volvamos a encontrar.

 

 

 

7/2/2008

Dead Souls: vistas al horizonte

Hoy no me apetece cocinar. ¿Pedimos una pizza para cenar?

En mi mapa de coordenadas y ordenadas desordenadas se me ha perdido un punto, no sé en qué dimensión, supongo que en algún punto entre el infinito y el pasado, problemas de la memoria a corto plazo, distorsiones de la percepción que me pierden en la noche.

Oigo voces, la tuya sobre todo, y sueño con mis miedos, una y otra vez. Sueños que representan mis defectos, no los tuyos. Sueño que haces lo que tú temes de mí, para ponerme en tu lugar, para sentir cómo tu vello se eriza cuando hace frío. Y a veces me pierdo en mis pensamientos y tú me rescatas preocupado, pensando que me he ido, que igual estoy pensando en hacer la maleta. Quizás no la he deshecho todavía, quizás la he perdido, quizás si me voy, me voy con lo puesto.

Me confundo. Descuelgo el teléfono en plena noche sólo para que quienquiera que se encuentre al otro lado de la oscuridad me sienta llorar y de este modo no pensar que estoy malgastando el agua inútilmente. Y su problema es la sequía, la sequía de ideas e imaginación que hace que gire sobre sí mismo una y otra vez, levantando aire y haciendo que nos entre el polvo en los ojos. Pero no hay nada nuevo bajo el sol, y una vez te fuiste del mundo, y cuando volviste pensaste en intentarlo de nuevo. Pero no, el mundo sigue igual que cuando lo dejaste: los motivos que te hicieron huir siguen ahí y, lo que es más, se han hecho más fuertes. Y te sientes el dueño de las piedras que se te meten en el calcetín, piensas que sólo debes descalzarte y sacarlas, pero nunca has estado más equivocado en tu vida... Y lo sabes. Vaya si lo sabes. Para empezar, ni siquiera recuerdas cómo desatar el nudo de tus zapatos...

Me duele que no me llames, me duele que me llames mucho. Lo mejor es que no me hagas ni caso, que hagas lo que te apetezca en cada momento. Y corre, corre, date prisa, llámame y dime que me ponga guapa, que me llevas a cenar. Y corre, corre, date prisa y ven a buscarme, y por favor, sólo te pediré una cosa: llévame de la mano, que me pierdo en la noche por las calles de la ciudad, nueva para ti, vieja amiga para mí, pero no me sueltes.

 

Yo sigo viviendo mientras tenga una ventana con vistas al mar.

No cerraremos nunca las cortinas.

 

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6/18/2008

Valores

Abusos a un menor: 3 años
 
Robo con violencia: 5 años
 
 
 
Volver a comprarse un bolso y lo que llevaba dentro: 300€
 
Olvidar todo lo que has sufrido: no tiene precio
 
 
O mi escala de valores está muy mal o algo falla en este sistema de mierda.
 
 
(Luego preguntan por qué estoy siempre protestando...)
 
 
 
 
5/27/2008

Lo que pesa a mis espaldas

 

¿En qué piensas?

En nada, ahora mismo en nada. O quizás sí, puede que sí. Pienso en lo mismo de siempre. No, no me sueltes la reprimenda. Es difícil pensar en otra cosa. ¿Pero es definitivo? No, claro que no, ¿cómo va a serlo? Y te preguntas qué vas a hacer. Nada, como hasta ahora. Nunca has podido hacer nada, y ahora menos, porque ahora sí que te han confirmado que no puedes hacer nada. Bueno, confirmado no, porque no es definitivo. Pero casi seguro. Coincide. Y la verdad, es lo mejor que te han dicho en muchos años.

No llores, no sirve de nada. Pero tampoco sirve de nada no llorar. Nada sirve de nada. "Sé positiva". En buenas estamos, ya lo soy, siempre lo he sido. Así que eso tampoco sirve de nada. Pero hay muchas cosas que en realidad sí que sirven para algo, para que todo vaya a peor. Sí, claro, todo puede ser peor, siempre todo puede ser peor. Pero no puede ser mejor. Y ya puestos, como me la sopla que sea peor, no sé si hacer algo que me perjudique, aunque sea sólo por hacer algo.

Te lo cuento. Te ríes. Lloro. ¿Quieres que te lo vuelva a contar? No te lo volveré a contar. Tampoco sirve de nada. O bueno, quizás eso sí. Quizás me ayude que me hagas caso y te cuente todo y me queje de que nada sirve de nada. Emborráchame aunque sea. Me da igual. Si total no puede ser mejor... ¿Te olvidas cuando estás borracha? No, claro que no, pero disimulo mejor.

¿A qué sí?

¿A que en realidad nunca te habías dado cuenta?

No te angusties. No eres el único.

 

 

 

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5/9/2008

El corcho partido de una botella de vino

Abro los ojos...

...los vuelvo a cerrar...

Me vuelvo a despertar... observo a mi alrededor. ¿Dónde estoy? Ah, sí, es mi salón. ¿Estoy durmiendo en el sofá? Estoy desnuda, tapada con una manta. Me incorporo para observar la realidad desde un punto algo más elevado. Un terrible dolor de cabeza martillea mi sien. ¿Qué coño pasa? Observo la mesita: el cenicero lleno de colillas hasta arriba, vasos vacíos, papel de liar, mi mechero nuevo, una botella de White Label tan vacía que no conserva ni la etiqueta (está hecha una bola en la alfombra), algunos cds, el mando de la minicadena. Me pongo una camiseta y me acerco a la cocina, con mucho cuidado de no pisar nada de lo que hay tirado por el suelo. El dolor de cabeza apenas me deja abrir los ojos, menos mal que las persianas siguen bajadas... por la luz que entra por las rejillas deduzco que es de día. En efecto, las 4 de la tarde. Sobre la mesa están todavía las dos copas, la botella de vino y el corcho partido por la mitad, tu mitad hecha añicos, la mía está de pie. Esto me hace sonreír.

Empiezo a recordar nuestra noche. La cena que te preparé. Me dijiste que tenía un poco de sal de más, pero ya sabes que soy cañera. El revuelto lo mejor, ¿no? Así lo recuerdo yo. Nos quedamos en la mesa mucho rato, tomando café, fumando y bebiendo el vino que habías traído. Buena elección, por cierto. Mañana abrimos el "barrantes", ese vino de mi tierra que te mancha hasta en el carnet de identidad. Luego nos fuimos al salón. Sé lo que hicimos por toda la mierda que hay desperdigada por ahí... pero ya me contarás, ya me refrescarás la memoria. Cabronazo, te tocaba fregar los platos. Pues no pienso hacerlo, ya lo harás tú cuando vuelvas...

Pero espera, ahora caigo en el detalle más importante. ¿Dónde coño estás?

"Intenté despertarte, pero estabas durmiendo tan profundamente que me dijiste "si si" sin abrir los ojos. Por cierto, roncabas y tenías los ojos medio abiertos. Espero que hayas dormido bien, te tapé cuando me fui. Yo tengo un dolor de cuello bestial. No sé si recuerdas que hoy había quedado a comer con mi hermana. Ayer me dijiste que tenías antojo de sushi... no pienses nada para la cena. A las 8 iré a buscarte.

Te quiero".

La nota en la nevera...  Qué típico...

Pero bueno, que te espero a las 8 para que friegues los platos...

...Necesito una ducha... y un Neobrufen...

4/20/2008

Puzzle de mí

 

Aquel día el alcohol se había adueñado de mí. Tampoco puedo contar muchas cosas, porque los recuerdos que tengo son aquellas historias que entre todos me fueron contando y que yo inserté en mi memoria a modo de puzzle. Lo que sé es que no me arrepiento.

Te aprovechaste de mí. Yo vomitaba en algún lugar y tú me acompañaste al baño. Imagino que en aquel momento yo era consciente de que eras tú el que me acompañaba. La verdad es que aquel día podría haberme ido con cualquiera. Me sentía con tantas alas y con tanta libertad totalmente rodeada de desconocidos (futuros amigos) que todo me daba igual. A pesar de todo, por algún motivo en especial, te esperaba a ti.

Quizás porque me invitaste a cenar aquella noche y luego te fuiste a otra fiesta. Intentaste colarme pero no hubo suerte. Vuestro gremio siempre ha pecado de querer ser tan exclusivo...Así que me fui a la deriva con los demás, aquellos que ese día no te importaban. Claro, tú lo que querías era llevarme al huerto. Y yo lo que quería era que me llevaran al huerto (si no eras tú algún otro caería, nunca he tenido prisa). Apareciste luego. Vaya si apareciste. Me rescataste de las garras de los ogros despiadados y me introduciste en un baño sucio y de colores para que me desemborrachara con dignidad. Y me besaste. Puerquecillo. Me besaste y pensaste "Ya está, ya la tengo".

Y te equivocaste (un tiempo). Paciencia. Eso tuviste. Paciencia. Olvidaste mis pajas mentales de chica recién salida del nido y esperaste. Vaya si esperaste. Lo que pasa es que te habías enganchado a mis ojos y no eras capaz de escapar. Te lo dije, te metiste en el laberinto y te perdiste. Te lo advertí. No me hiciste caso. Nunca me haces caso. Entraste y te perdiste. Tuve que entrar a buscarte. ¿Y sabes qué pasó? Claro que lo sabes, tú también estabas allí. Me perdí yo también. Qué cosas tiene la vida, ¿verdad?

Ahora recuerdo aquel día en que te aprovechaste de mi estado etílico (luego me quise aprovechar yo de tu "estado" masculino) como uno de los más significativos de mi vida, de la tuya, de la todos.

Eres un idiota. Por eso no me enamoraba de ti. Por eso ahora soy adicta.

Gracias... me alegro de que fueses tú el que me metió en el taxi el 29 de septiembre de 2006 (o era ya el 30?).

 

Idiota.

 

(Los hechos relatados aquí no han podido ser contrastados. Puede ser ficción o no)

4/12/2008

Bailando de puntillas

 

Disfruto tanto con los detalles pequeños que las inmensas bellezas  me abruman.

Soy feliz oliendo una glicinia, una gardenia.

Soy feliz paseando entre un bosque de mimosas.

Soy feliz viendo los fuegos artificiales acostada en la arena.

Me emociono viendo cómo el sol se esconde en la ría, detrás de las islas Cíes.

Soy feliz viendo mar.

Soy feliz cuando me vuelvo a meter en la cama y todavía está caliente.

Soy feliz escuchando esas canciones que tengo en mi lista de predilectas y escuchando mi música en general.

Soy feliz saltando en un concierto.

Me estremezco cuando observo mis campos a través de la ventanilla del avión.

Soy feliz recordando que en otros momentos también lo fui.

Soy feliz tomando una cerveza.

Soy feliz contigo.

Soy feliz conmigo.

 

Soy feliz con lo que fui. Soy feliz con lo que nunca fui .

 

 

3/29/2008

otra vez...

 
 
 
Ponme a prueba,
demuéstrame que me equivoco.
Haz que me derrita...
Sedúceme... otra vez...
otra vez... otra vez...
Conquístame... otra vez.
 
Enámorame.
 
 
 
 
 
 
2/29/2008

Hipocresía (de la defensa animal)

 

Para aquellos que no lo sepan, en Galicia es frecuente que la mayoría de las familias que no viven en la ciudad tengan en su casita su propio huerto en el que plantar sus lechugas, sus tomates, sus pimientos, sus frutales, e incluso hay quien tiene extensiones de terreno más amplias y fincas en las que plantan maíz, patatas, viñas, etc. Todo esto sin motivos comerciales, para consumo propio. Esto es derivado de la cultura del minufundio y agricultura de substencia que nos ha caracterizado desde siempre. Además de la huerta, es frecuente tener un corral con unas pocas gallinas, algún conejo, puede que alguna vaca, uno o dos cerdos, corderos, patos, y demás animales domésticos. Siempre en pequeñas cantidades, los cuidadores y dueños de estos animales (que se alimentan con los productos de los citados huertos, sobras de comida o pienso, claro) son, en la mayoría de los casos, también sus verdugos.

Por este motivo, tradicionalmente la matanza de estos animales (sobre todo la del cerdo) hace que familiares y vecinos se reúnan en la casa en la que se va a matar a uno de estos animales para ayudar con los procesos de sacrificio, despiece, etc. Con esto, la familia tenía toda clase de productos porcinos para un año entero. Pues bien, la matanza del cerdo se suele celebrar alrededor del día 11 de noviembre, el día de San Marín, día de la matanza. De ahí el refrán "a todo cerdo le llega su San Martín". Toda una tradición profundamente arraigada en esta tierra.

A partir de ahora esto se ha acabado. A los de arriba se les ha dado por considerar que en la matanza del cerdo casera se hace sufrir al animal (se suele matar clavándole un cuchillo en el corazón). No carece de razón, claro que sufren. Igual que los pollos que mata mi madre, los conejos, las vacas y los cerdos que se matan en los mataderos. ¿O en los mataderos no sufren? Pero la duda que me asalta a mí es la siguiente: Si en Galicia se prohíbe la tradicional matanza del cerdo que, recordemos, su única finalidad es servir de alimento a una familia durante casi (o sin casi) un año... ¿Qué pasa con las corridas de toros, en las que se tortura un animal hasta la muerte con la única finalidad de la diversión? Porque ahí la puñalada no va al corazón, va a joder, a que duela, pinchacito a pinchacito.

Por favor. Qué asco.

Ahora viene a tu casa un "matador" que mata el cerdo por ti "sin sufrimiento" (mentira). ¿Qué tal si me mandan a un torero? Eso es legal, ¿no?

2/23/2008

Verborrea erótico-resacosa

El otro día, mientras me tocabas y me acariciabas, pensé que no estaría mal dedicarme a escribir relatos eróticos. ¿Por qué? Pues porque no se me da nada mal, porque me gusta y lo disfruto y porque no me cuesta nada pensar en sexo. De hecho, a veces me planteo cómo he podido escribir tantas cosas hasta ahora en todos estos años sin escribir todo relacionado con el sexo. Imagino que porque en mi vida pasaban muchas cosas interesantes, hacía locuras continuamente, enamorándome y desenamorándome sin parar. Ahí, dale que te pego. Ni un minuto de respiro.

El otro día me preguntaba una amiga si tenía papel para apuntar los puntos de la partida al tute que íbamos a empezar y, por supuesto, saqué mi súper-libreta cutre en la que apunto de todo. No sé si podría vivir sin ella. "¿Siempre llevas una libreta en el bolso?", me preguntó. "No, llevo dos", respondí. La otra que tengo la robé en el Louvre. Pensaba robar una postal (algo más modesto) pero no las tenía a mano... Y claro, luego cuando me emborracho me pasa lo que me pasa, que apunto y no sé qué apunto. Hace unas semanas, a eso de las 8 de la mañana, estábamos en un after en Pontevedra al que solemos acudir (y del siempre salimos con el sol brillando) y en un  momento se me ocurrió que tenía que apuntar algo. Saqué mi libreta y busqué el bolígrafo... pero no tenía. Me fui a la barra y busqué al camarero al que siempre le pido las consumiciones porque él me sonríe, yo le devuelvo la sonrisa y le hago miraditas y me rebaja las copas (hay que espabilar, que el mundo de la noches es muy caro). Pues eso, le pedí a este chico un boli y empecé a escribir como una loca. Se me quedó mirando y me dijo "¿Qué apuntas?". "La verdad es que no estoy muy segura", contesté, "Mañana lo leeré, ahora no puedo". Y ahí se quedó. Si, en efecto, al día siguiente cuando lo leí pensé que tenía que dejar de beber.

A lo que iba. Que como me pasan tantas cosas no puedo vivir sin papel... (ni sin uno, ni sin otro), y que como humana que soy, no puedo vivir sin sexo. Y claro, a veces pienso que lo disfruto tanto tanto que no puedo vivir sin escribirlo. Y me pasaría el día entero escribiendo guarradas maravillosas, llegando con la mente al orgasmo más sublime jamás experimentado una y otra vez. Me pondría pelis porno y las analizaría, imaginándome a mí en su situación y pensando: "eso sí, eso no, eso... mmm... venga, va".

Escribir... la palabra... qué arma más maravillosa. Ni la mejor peli ganaría a mi imaginación. Porque pienso, pienso y pienso, y a veces escribo, pero no todo lo que pienso, sólo una parte. Porque claro, pienso mucho, y mis dedos son rápidos (me refiero ahora a la escritura en el teclado), pero no tanto como mi mente. Y a veces pienso que pienso demasiado y que me cundía dormir más (si cabe, que tampoco me corto). Pero a veces también pienso que no pienso lo suficiente y hago las cosas sin pensar. Qué eternas las paradojas de la vida, qué breves que son tus besos, qué olor a tabaco en mi ropa.

Y bueno, que conste que si no escribo todos esos relatos eróticos aquí es porque mi padre tiene esta dirección... y yo que sé... en un momento dado igual me da un poco de reparo... ¿No?

En realidad, jamás he sido políticamente correcta. Y no sabéis lo orgullosa que estoy de ello.

2/5/2008

Escala de grises

 

A veces tengo la sensación de que nos dibujamos en escala de grises...

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...sin embargo sé que cuanto más lejos estás más perspectiva tienes para observarme...

 

Aunque sabes que adoro que contemples de cerca cada uno de los puntos que me componen.

 

 

1/23/2008

La relatividad del frío

 

Cuando entré en la habitación ella se había metido ya en la cama. Me sonreía. Pero algo llamó mi atención:

-¿Por qué llevas puesto el pijama?- le pregunté.

-Sabes que esta casa es muy fría. Si nos vamos a poner a ver una peli me voy a congelar.

Tenía razón. Hacía un frío de pelotas, cosa que a mí me daba bastante igual, pues sólo con pensar en meterme en la cama abrazado a ella ya empezaba a sentir el calor. Fui al baño a mear y dejé que ella revolucionara todas las mantas hasta ponerlas a su gusto, que deshiciera toda la cama y me la fuera calentando. Pensé en lo que me gustaría hacer al volver a la cama y la meada se me cortó. "Mierda", pensé, "ahora no, chico, cálmate". Era tarde ya... estas cosas no se controlan. Terminé mis deberes con el urinario, me lavé las manos e hice un poco de tiempo mientras la cosa no se enfriaba. Más que nada porque la conocía, sabía que se metería conmigo diciendo algo así como "Vaya... cuánto te gusto, me tienes impresionada... ¿Cómo puedes estar todo el día así? Al final te mataré sin querer, te morirás de falta de riego...". Siempre era así. Me divertía. Pero me había propuesto aprender a "autocontrolarme"...

Cuando volví a la habitación ella estaba tapada hasta el cuello. Y me miraba con una sonrisa muy pícara... Me di cuenta de que había encendido el portátil pero había puesto música. Me extrañó que no estuviera eligiendo la película.

- ¿No pones la peli?- pregunté mientras me desnudaba y me introducía con ella entre las mantas.

Pero no tardé mucho en comprenderlo todo. Al rozarla noté su piel, su menudo cuerpo entrando en calor. Al lado de la cama vi su pijama tirado en el suelo. Rompí a reír en una sonora carcajada.

-¿Qué haces así? ¿No tenías tanto frío?

-¿Qué pasa...?- dijo con voz pícara.- ¿No vas a hacerme el amor?

-¿Quieres que te haga el amor?- pero algunas partes de mí ya estaban respondiendo a su pregunta, y parecía que con muchas ganas.

-Podemos follar si lo prefieres... a mí me da igual.

En ese momento pensé que mis intentos para aprender a autocontrolarme eran absurdos, infructuosos y, por otra parte, totalmente innecesarios.

Ya no hacía frío.

1/17/2008

Relaciones semánticas


-Eres la persona más ambigua y polisémica que conozco.

-¿Por qué lo dices?
-Y la más gallega...
-¿Ah sí?
-Es que siempre me respondes con una pregunta.
-¿Quién? ¿Yo?
-Venga, ¿vamos a tomar una caña?
-¿Por qué no?



1/9/2008

Tú solamente...

 

Piensa en mí. Deséame. Échame de menos.

Lámeme la oreja. Bésame el cuello.

Tócame el pelo. Despéiname. Bésame en la mejilla.

Acaríciame el hombro, luego el brazo. Agarra mi mano.

Sonríeme. Grítame. Mándame a paseo.

Muérdeme. Cómeme. Deshazme. Derríteme.

 

Vuelve a besarme

 

 

Que mi parte ya me la imagino yo...

 

 

(Cuando no hay muchas más opciones...)

12/18/2007

Me iba de compras y...

 

Mis ojos se quedaron de pronto clavados en un punto móvil a lo lejos. Una masa gris muy poco uniforme sobrevolaba la ciudad de Pontevedra. Me fijé un poco más... No era una, había 2. ¿Golondrinas? No era la época. ¿Cuervos? No era la hora. Dos enormes bandadas de pájaros se retorcían sinuosas sobre los edificios. Se entrecruzaban pero no se mezclaban.

Sonreí.

Desde la ciudad, desde las estrechas calles entre los edificios no se ven a los pájaros volar. Un almacén de metal se interpuso entre el autobús y aquella maravilla. Me iba acercando a la ciudad. La perdí de vista. Pensé que seguro que serían palomas, pensé en lo que las odiaba, pero decidí declarar una tregua a mi rabia por haberme hecho pasar aquellos segundos tan mágicos.

Pensé también en que hacía mucho que no iba al teatro, en que hacía mucho que nadie me llevaba al teatro. No culpo a nadie. Llevo una época desentendida del tema...

Pensé que ya no soñaba como antes. Y en ese mismo instante me di cuenta de que me equivocaba. Que en aquel momento estaba soñando como nunca.

Volví a pensar en las palomas, me compré un paquete de palomitas y me las zampé mientras paseaba con la música en mis oídos. Pensé en que a veces algunas personas son como las palomas, que están ahí porque tienen que estar, porque siempre tiene que haber alguien (que toque continuamente los cojones) que de vez en cuando haga algo bueno para justificar su existencia. Buscaba a las palomas con mirada curiosa, escéptica. Pues Pontevedra, como todas las ciudades, también está llena de palomas.

 

11/30/2007

Escenas...

 

Sigo pensando que,

en aquel estrecho y curioso callejón,

de aquel pequeño aunque impresionante rincón del mundo,

 

aquellas sillas nos esperaban a nosotros.

 

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(fotografía tomada en Kotor, Montenegro)

 
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